Hay una frase del libro "La felicidad, desesperadamente" de André Compte-Sponville que describe a la perfección una sensación interna que yo atribuía a esa especie de existencialismo que me invade de vez en cuando pero que disimulo bien con un carácter en apariencia alegre y que él denomina "la alegre desesperanza". Dice a ese respecto: "Quizá por la familia tan difícil en la que crecí, he sido siempre más sensible que otros a la fragilidad de la existencia. Pero en general vivo en lo que en términos filosóficos denomino “la alegre desesperanza”: una vez que hemos entendido que hay cosas que no podemos controlar y que sólo nos espera la muerte, nos damos cuenta de que lo mejor que podemos hacer es disfrutar al máximo de la vida que tenemos".
"Para ser feliz es mejor desear únicamente lo que depende de nosotros mismos. Los estoicos distinguían entre lo que depende de nosotros y lo que no. Y es mejor desear aquello que depende de nosotros, porque en ese caso querer significa actuar, que desear aquello que no depende de nosotros, porque entonces hay que contentarse con esperar.
Obviamente, uno encuentra más felicidad en la acción que en la esperanza, porque si deseas lo que no depende de ti, tendrás miedo de que no suceda. El camino hacia la felicidad es el camino de la acción, del amor".