"En cierta ocasión, mi abuela Nina me contó una historia que siempre recordaré. Me habló de pájaros enjaulados, prisioneros en las casas, reos en los edificios, cautivos en la gran ciudad.
Me explicó como algunas de las aves reclusas huían en cuanto tenían oportunidad, volaban alejándose de sus calabozos metálicos, del humo, del ruido y de una vida que no querían. Batían sus alas desesperadamente y al fin llegaban a su destino.
En las afueras de la metrópoli, al lado de la playa vive un roble centenario y él alberga a todos los evadidos, que chillan de felicidad al verse libres y colorean de infinitas tonalidades las ramas del viejo árbol.
Esa noche tuve un sueño, desde mi balcón contemplaba la inmensa urbe gris y un sinfín de almas de colores se escapaban por las miles de ventanas , como el humo de un cigarrillo mal apagado, ascendiendo lentamente hacia las nubes. La imagen final de la quimera era un gigantesco árbol multicolor, donde las almas danzaban alegremente saltando de hoja en hoja y de rama en rama, regalándole al vetusto roble....... la vida eterna."