lunes, 16 de marzo de 2009

Arpías

Voy paseando con mis perros por un parque. De repente veo a la madre de unos antiguos compañeros de trabajo hablando con otra señora, sentadas en un banco. La saludo mientras continuo mi camino. Aquella me invita a quedarme a charlar mientras me cuenta que vienen del entierro de una amiga de 47 años que ha muerto de un infarto cerebral.
- No somos nadie, dicen.
- Tan joven, si..
A mediante conversación, me cuentan que estaban hablando de la maldad de las mujeres. Arpías, que las llaman. Personas que están amargadas y critican al resto, se quejan. Yo les respondo que con alejarse de esa gente es suficiente pues al final, siempre quedan solas. Ellas me contestan: ¿tú crees?. Después de un par de frases para salir del paso, me marcho y pienso: Si, las arpías siempre son "las otras".

5 comentarios:

Arnau dijo...

¡Ayyy, si tú supieras, Maya!

NecioAtalayo dijo...

El machismo no es sólo una mujer discriminada, marginada o con sus oportunidades coartadas por el mero hecho de serlo, y un hombre opresor. Es una delicada red, en el que las mujeres tienen y han tenido una importancia capital. El machismo ha estado y está alimentado por mujeres que hablan de lo malas que son las otras, arpías... Nunca me olvidaré de una de mis tías diciéndole a mi padre, que estaba fregando los cacharros en la pila: X, así acostumbras mal a las mujeres.
Ánimo!

matajazz dijo...

Lo que tu digas porque yo he desistido de entender a las mujeres, de vez en cuando hago el esfuerzo pero fracaso constantemente, debe ser mi sinó.

Maya dijo...

El machismo, bien instaurado a través de la educación de las madres (mujeres)a sus hijos es algo que desconcierta.
Pero yo hablo de la naturaleza de la mujer que a diferencia del hombre, nos enfrenta unas a otras a través de los celos, la competencia estúpida del físico, la envidia o el marujeo.
Por qué???

Mado dijo...

Sí, las arpías siempres son las otras, como cuando hablamos de la masa o de la gente, siempre son los otros.

Será que el mundo está detrás de nuestros ojos y nunca miramos hacia dentro.

Estamos ciegos tanto para ver lo malo como para lo bueno.